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Juventud de Luis Ariel Rey, nacimiento de un artista | Tras la huella del juglar


La trayectoria musical de Luis Ariel Rey inició en la ciudad de Villavicencio. En 1947 y con tan solo 13 años, el carismático muchacho se paseaba por las calles de la ciudad.


Cuatro en mano y voz auténtica, Luis Ariel empezó a cautivar a su público, ganándose su cariño y admiración. Recuerda el locutor llanero, Jairo Caballero, “fue llamado el Jilguero del Llano por su voz, el tono y ese tañido que soltaba cuando terminaba una copla o un verso cantado… no ha existido nadie en Colombia ni en Venezuela que lo hiciera igual y que fuera apodado como el jilguero, un ave con un canto melodioso y bonito, tal como el de Luis Ariel Rey”.


Gil Arialdo y Leonel Rey Roa, sus hermanos y cómplices musicales, conformaron el trío Rivermun. Sus canciones empezaron a sonar por toda `La Puerta al Llano, la voz de Luis Ariel se escuchaba en la emisora “La Voz del Llano” y en los parlantes del Almacén Country. Los tres muchachos seguían haciendo música, ahora bajo el nombre “Los Llaneros”, corrían los años 50 y el entusiasmo musical crecía… hasta que llegó la violencia.

El homicidio del dirigente liberal, Jorge Eliécer Gaitán, incrementó la violencia entre liberales y conservadores, que se apoderó de Colombia, incluido los llanos, inundandolo de terror y sangre. Tras la muerte de don Javier Rey, la familia se vio obligada a separarse y abandonar su tierra natal. Algunos tomaron rumbo hacia Venezuela, mientras que los hermanos menores, Luis Ariel, Gil Arialdo, Leonel, Gloria Stella y Dolly Rey se dirigieron a Bogotá.


Luis Ariel, pese a la tragedia, no abandonó su sueño, y aprovechó su llegada a la capital para dar a conocer la música del llano. Pero el camino no sería nada fácil; en sus inicios, el trío “Los Llaneros” salía por las frías y desconocidas calles de Bogotá a cantar e interpretar sus instrumentos para conseguir el sustento del diario vivir.

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Con el paso del tiempo, los capitalinos reconocieron a El Jilguero del Llano”, quien empezó a cantar en los bares de la ciudad, donde era inusual escuchar esta música; una hazaña digna de ser reseñada en los periódicos bogotanos.