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En los Llanos del Yarí, un campesino protege al güio más grande de Colombia

  • Foto del escritor: We Love Villavo
    We Love Villavo
  • hace 4 horas
  • 2 Min. de lectura

En una apartada zona de los Llanos del Yarí, donde la selva amazónica se funde con las sabanas y las lagunas de aguas cristalinas reflejan el cielo como espejos, vive Don Albeiro Olaya, un campesino que se ha convertido en guardián silencioso de una de las criaturas más enigmáticas de la región: el güio, una de las serpientes más imponentes de Colombia.


En una laguna azul de aguas transparentes habita este ejemplar, que suele salir en determinadas temporadas a tomar el sol sobre la orilla. Lejos de representar una amenaza, el animal no ataca ni se acerca a las personas cuando no es perturbado. Su presencia, explica Don Albeiro, ha sido parte del equilibrio natural del lugar durante años.

El “güio”, nombre con el que en gran parte de Colombia se conoce a la Eunectes murinus o anaconda verde, es una de las serpientes más grandes y pesadas del mundo. Puede superar los 6 metros de longitud y pesar más de 100 kilogramos. Habita principalmente en zonas húmedas de la Amazonía y la Orinoquía, donde cumple un papel fundamental como depredador tope en ecosistemas acuáticos y de sabana inundable.


Estos reptiles no son venenosos; cazan por constricción y se alimentan de peces, aves, reptiles y mamíferos medianos. Aunque su tamaño suele generar temor, los ataques a humanos son extremadamente raros y generalmente ocurren cuando el animal se siente amenazado o acorralado. Expertos en fauna silvestre coinciden en que la mayoría de conflictos entre personas y serpientes se producen por desconocimiento o reacción impulsiva ante el miedo.

Consciente de ello, Don Albeiro no solo respeta el espacio del güio, sino que invita a quienes llegan hasta este rincón privilegiado de la Amazonía colombiana a observar sin perturbar y a conservar sin destruir. “Aquí se viene a mirar, no a molestar”, suele decir a los visitantes. Su mensaje es claro: el turismo en territorios naturales debe ser responsable, silencioso y consciente.


En los Llanos del Yarí, una región estratégica por su biodiversidad y por ser zona de transición entre la Amazonía y la Orinoquía, la presión sobre los ecosistemas aumenta por actividades como la deforestación, la expansión agropecuaria y la caza ilegal. Las serpientes gigantes, a menudo estigmatizadas por mitos y temores infundados, son víctimas frecuentes de persecución.


Sin embargo, historias como la de Don Albeiro demuestran que la convivencia entre el ser humano y la vida silvestre no solo es posible, sino necesaria. Proteger especies como el güio significa conservar el equilibrio de humedales, lagunas y bosques que regulan el clima, almacenan carbono y sostienen la diversidad biológica del país.


Colombia es uno de los países más biodiversos del planeta. Garantizar la riqueza ambiental que aún resiste en regiones apartadas implica cambiar la mirada: entender que cada especie cumple una función y que el respeto por la fauna y la flora es una responsabilidad colectiva.


En medio de la inmensidad verde del Yarí, el ejemplo de un campesino recuerda que la defensa de la naturaleza no siempre se hace desde grandes discursos, sino desde el cuidado cotidiano, la educación y el compromiso silencioso con la vida.

 
 
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