Huellas Vivas: el proyecto de Ley que busca que los animales atropellados no queden a la deriva
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Fénix no tuvo ambulancia. Tampoco un número al cual llamar ni un protocolo que se activara tras el impacto. La madrugada del 23 de enero, en una vía de Bogotá, este perro en condición de calle fue atropellado por una motocicleta y quedó inmóvil, con una grave lesión en la columna. El conductor fue atendido de inmediato por el SOAT. Fénix permaneció más de ocho horas en el mismo lugar, esperando algo que nunca llegó.
Su historia no es una excepción. Es, en realidad, el reflejo de un sistema que aún no sabe qué hacer cuando la víctima de un accidente de tránsito no es humana. Y es justamente desde ese vacío que nace el proyecto de ley Huellas Vivas, una propuesta que busca cambiar la forma en que Colombia responde ante los animales atropellados en sus vías.
Una ley que nace del abandono institucional
Hoy, cuando un animal resulta herido en un siniestro vial, la escena suele repetirse: alguien llama, pregunta, insiste… y al final, la respuesta es la misma. No hay cobertura, no hay obligación, no hay quién asuma los costos. La atención termina dependiendo de rescatistas, fundaciones o ciudadanos que, con rifas y colectas, intentan salvar una vida que el sistema deja por fuera.
Huellas Vivas, iniciativa del representante a la Cámara por Antioquia Juan Camilo Londoño Barrera, propone que el Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito (SOAT) también pueda cubrir la atención médico-veterinaria de animales atropellados. Para ello, plantea una reforma al Código Nacional de Tránsito que reconozca a los animales domésticos, amansados y a la fauna silvestre vertebrada como víctimas de hechos de tránsito.
No se trata de igualarlos jurídicamente a las personas, sino de aceptar una realidad evidente: los animales también sufren accidentes en las vías y hoy no existe un mecanismo claro que garantice su atención.
Qué cambiaría con Huellas Vivas
De ser aprobada, la ley permitiría que el SOAT asuma gastos médicos, quirúrgicos, farmacéuticos y hospitalarios derivados de siniestros viales que involucren animales. Además, plantea la creación de protocolos de actuación que indiquen qué hacer, a quién llamar y cómo proceder cuando ocurre un atropellamiento.
El proyecto también dialoga con la Ley 1774 de 2016, que reconoce a los animales como seres sintientes, y refuerza una idea cada vez más presente en el debate público: la seguridad vial no solo se mide en cifras humanas, sino también en el respeto por la vida que comparte el territorio.
“El fondo de esta iniciativa es la responsabilidad social y vial frente a todas las formas de vida”, ha señalado el congresista Londoño, quien insiste en que el bienestar animal no puede seguir dependiendo exclusivamente de la caridad.
Fénix, entre la recuperación y la colecta
En el caso de Fénix, la ayuda llegó gracias a Melisa Rodríguez, rescatista desde hace más de dos décadas, quien lo trasladó a la Clínica Dover. Allí fue sometido a una compleja cirugía de columna y permanece bajo observación médica. Su recuperación ha sido posible, pero costosa, y aún depende de donaciones para cubrir los gastos.
El proyecto Huellas Vivas inició su trámite legislativo el 27 de enero de 2026 en la Cámara de Representantes. Su eventual aprobación marcaría un antes y un después en la forma en que el país enfrenta los accidentes de tránsito que involucran animales, integrando bienestar animal, responsabilidad ciudadana y acción estatal en una sola respuesta.
Mientras tanto, Fénix sigue sanando. Su historia, como la de tantos otros, deja una pregunta abierta: ¿seguirá la suerte de los animales atropellados dependiendo de la solidaridad, o llegará el momento en que el Estado también responda?


























