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Cantos de vela | Cantos de trabajo de llano


En los llanos colombianos la actividad ganadera ha sido representativa de esta región desde hace siglos atrás, cuando los españoles trajeron a la entonces Nueva Granada los animales de carga, motivo por el cual se desarrolló un proceso cultural, donde el poblador estrechó lazos con los animales que necesitaba domesticar.


Con esa necesidad durante el trabajo de llano surgen los cantos y sus variantes como el de vela; utilizado por los jinetes cuando oscurece, para que el ganado no se desboque de los corrales.


Cuando llegaba la noche durante las extensas ganaderías o en los trabajos de llano, los bovinos eran llevados a los corrales de los hatos o posadas, sin embargo, al ser animales sensibles se corría el peligro de una estampida en la jornada nocturna, razón por el cual aparece el canto de vela como una forma de mantener tranquilo al ganado.

“Como el ganado criollo era difícil de controlar, el caporal designaba hombres para acompañar y vigilar las reses y se dividían en dos grupos: durante el tiempo de 6:00 p.m. a 12:00 a.m. estaban unos llaneros a caballo cantando al ganado para evitar que se barajustara. Ese primer momento se llamaba prima, luego de 12:00 a.m. a 4:00 a.m. o 5:00 a.m. había otro grupo de llaneros que pasaban a cantarles coplas” recuerda el escritor y gestor cultural Hugo Mantilla.

El canto era una herramienta de distracción y de control para los veladores, porque en muchas ocasiones no había ninguna clase de encierro. Cuando los corrales estaban ocupados por otro lote de ganado los jinetes se encargaban de calmar a las reses para que estuvieran tranquilas en el mismo lugar.

“Resulta que en alguna parte usted llegaba y el corral está ocupado, porque había llegado otro ganado antes y ya había negociado, entonces usted tenía que reunir el ganado en una parte específica y empezaba a darle vueltas toda la noche. El ganado empezaba remolinear en ese sitio determinado, claro el llanero debía cantar para que el animal no se fuera y se quedará ahí. Eso era lo que se llamaba cantos de vela, era otro tipo de apacentamiento.”, explicó el araucano Hugo Mantilla Trejo.

Para algunos llaneros, los cantos de vela debían ser entonados en tono bajo, a veces casi nostálgico para mantener al ganado calmado, sin embargo, como es ley durante las ganaderías, nunca debía prevalecer el silencio, los silbidos, el japeo y los versos eran constantes durante la noche en medio de las extensas sabanas llaneras.

Para los arreos asistían los “vaqueros completos”, como popularmente es nombrado al hombre conocedor del trabajo de llano, capaz de dominar el canto, manejar una canoa o matar y despresar la res.

“Desde muy pequeño los muchachos empezaban aprender y quiénes le empezaban a enseñar eran los abuelos, el papá o el tío y desde pequeñitos le decían a uno “usted se mete al corral” y le dejaban unos becerros para que aprendiera a agarrarlo, amarrarlo y amansarlo, también le enseñaban a ordeñar de manera que cuando ese muchacho ya llegaba a los 15 años, ya era una persona con un conocimiento muy profundo”, recuerda Hugo Mantilla.

Actualmente es común la ausencia de los cantos de vela y escuchar tan solo el sonido de la naturaleza, cuando el sol se oculta en la inmensidad de la llanura.

“Ese ganado ya no es el mismo, las nuevas razas importadas son más calmadas que las criollas y por eso el llanero ya no le canta” aseguró el escritor llanero.

La posible desaparición de estas manifestaciones declaradas como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad en el 2017 por la Unesco, genera una latente preocupación y una fuerte necesidad en divulgar y salvaguardar los cantos de trabajo de llano.


Agradecimientos al escritor e investigador Hugo Mantilla Trejo, quien ha aportado información para la construcción de Cantos de trabajo de llano. A la familia Perdomo del Criadero Juanambu por su colaboración para las fotografías. Redacción y recopilación de información Saida Niyireth Rodríguez Garzón. Fotografías: Laura Casas.



Bibliografía.