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Cantos de ordeño | Cantos de trabajo de llano


La cultura llanera está ligada a la ganadería y sus actividades, de esta manera se desarrollaron prácticas ancestrales inmemoriales asociadas al arreo y ordeño del ganado.


Este conocimiento centenario es originario de las mujeres y hombres de los llanos de Colombia y Venezuela, transmitido de generación en generación desde tiempos inmemoriales, motivo por el cual fueron declarados Como Patrimonio Cultural Inmaterial en el año 2017 por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). Una de sus variaciones es el canto de ordeño; una melodía acapella que se realiza diariamente en el campo y que evidencia la estrecha la relación que tiene el ordeñador con la vaca.

“Era un proceso natural que se tenía muy en cuenta al animal, en ese momento se preparaba como una especie de ritual entre la vaca y el llanero, de una manera sana y consciente de lo que estaba pasando”, recuerda Hugo Mantilla, historiador, escritor y gestor cultural.

La actividad de ordeño inicia desde las tres o cuatro de la mañana. Para tal labor participa toda la familia sin discriminación de sexo, pero es una persona joven, de 12 años de edad en adelante, quien regularmente toma la posición de “becerrero”, mientras que un hombre o mujer de mayor edad es el encargado de ser el “ordeñador”.


Desde temprana edad se le enseña al niño o joven de campo a practicar el ordeño con las vacas muy mansas, a la vez a ir enlazando y acomodando en el corral a los becerros, puesto que las crías se separan de sus madres.


Era tradición bautizar con un nombre a cada una de las vacas, al que debían acostumbrarse, sobre todo para reconocer a los ordeñadores e ir construyendo una especie de conexión con el llanero.

“El ordeñador entraba y llamaba a la vaca Rosalinda, la veía y la paraba si estaba echada y empezaba a cantarle, vaquita Rosalinda tan bonita que hoy estás, como ya no está bravita la voy a ordeñar.” Entonces la vaca se paraba y hacía ‘¡mmaaaaabeeee!’, es decir bramaba y ese bramido el becerrito lo conocía y él hacía ‘¡beeee!’ y el becerro sabía que ese era la criatura de la vaca, entonces lo soltaba y el becerrito salía corriendo a mamar y luego el ordeñador quitaba el becerro, lo amarraba al brazo de la vaca y ordeñaba mientras cantaba para que estuviera tranquila”, investigador araucano Hugo Mantilla.

El fin fundamental del canto es tranquilizar al ganado, ya que este, especialmente el criollo, es de alta sensibilidad y temperamento fuerte. En los hatos quienes conocen de este arte dicen que la tonada de ordeño también juega un factor importante en el aumento de la producción láctea.


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Este canto es libre y tiene infinitas variaciones, pueden ser desde un grito largo y agudo o una creación de versos o coplas por improvisación, siendo el repentismo una característica fundamental del llanero, el cual siempre está buscando rimas inspiradas en su entorno o vivencias.


Al iniciar el día en las sabanas llaneras, el canto ordeño se une a los sonidos de la naturaleza que dan comienzo al amanecer y se funde al unísono con el viento. Además de ser una tradición es una forma de preservar la identidad cultural.



Agradecimientos al escritor e investigador Hugo Mantilla Trejo, quien ha aportado información para la construcción de Cantos de trabajo de llano. A la familia Perdomo del Criadero Juanambu por su colaboración para las fotografías. Redacción y recopilación de información Saida Niyireth Rodríguez Garzón. Fotografías: Laura Casas.



Bibliografía.

  • Ministerio de Cultura y Fundación Erigaie. (2013) .Plan Especial de Salvaguardar de carácter urgente Cantos de Trabajo de Llano.

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