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Cantos de cabrestero | Los cantos de trabajo de llano


Los cantos de trabajo de llano guardan una estrecha relación entre el pastoreo del bovino y el caballo, que data de hace más dos siglos y se fortaleció como una práctica de comunicación vocal, donde el hombre establece una conexión especial con la naturaleza, las bestias y su entorno.


Cada modalidad de estas melodías cuenta una historia, y una de las más referenciadas por los cantantes, escritores e historiadores, así como los mismos pobladores es el canto de cabrestero, también conocido como canto de arreo o canto de ganado.


Este canto lo ejecutan los jinetes a capella en un contexto específico, que consiste en perseguir, arrear y conducir el ganado en la inmensidad de la llanura o recoger y apartar lo lotes de reses, para trabajar en el corral (vacunación, herejes, marcación y demás), también cuando se llevaba a cabo largas expediciones donde los bovinos eran trasladados de un territorio a otro.

Para dichas labores se tenía oficios definidos, el más importante era el cabrestero o guía. “El encargado de dirigir las labores de llano y siempre iba como en la punta superior, al frente para que el ganado lo siguiera. El dueño de hato elegía al trabajador con mayor conocimiento y experiencia, porque era quien conocía mejor los caminos y tenía el liderazgo necesario”, explicó el historiador y escritor araucano Hugo Mantilla Trejo.

En el campo a este personaje se le conoce como “baqueano”; quien utiliza una gran variedad melódica de absoluta libertad, conocido como un largo y recio grito, alternado con coplas, silbidos y exclamaciones.


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Pero el cabresteo no era el único que cantaba, lo hacían todos sus acompañantes y en especial quienes iban de “orejeros”, que tenían por labor buscar a las reses que podían salirse del rodeo.

Los primeros días eran muy difíciles, porque el ganado como están en sus comederos ellos no quieren salir de allá, entonces el solo hecho de empezar y presionar para hacer esas largas caminatas el ganado tiende a devolverse, a rechazarse, pero para eso está el canto o algunos objetos como el rejo y la soga arrebiatada” recuerda Hugo Mantilla.

Actualmente la nostalgia de estos cantos se presenta a causa de la casi extinción de los arreos o ganaderías que hace décadas atrás se realizaban, con el objetivo de trasladar grandes cantidades de ganado por los caminos de la cordillera hasta lugares como la sabana de Bogotá, Cúcuta o Santander. Los vaqueros duraban hasta 60 días arriando y cantando, pero hoy son escasos y cortos los viajes ganaderos.


Era el canto una actividad fundamental, que además desempeñaba el importante papel de apaciguar y calmar el ganado criollo, motivar para que avanzara sin mayores dificultades, de esta manera el jinete nunca estaba callado, si estaba cansado eran gritos o silbidos los que acompañaban a los animales. También era una forma de alegrar las extenuantes jornadas con coplas y rimas improvisadas, jugando a contestarse en el arte del repentismo.


Pero era el cabresteo el que más improvisaba frente a los otros vaqueros, quien conocía mayor cantidad de coplas y lograba cantar, sin mayor dificultad, nuevos versos, producto de años de experiencia viviendo en un entorno donde la naturaleza y el hombre comparten sonidos día y noche.



Agradecimientos al escritor e investigador Hugo Mantilla Trejo, quien ha aportado información para la construcción de Cantos de trabajo de llano. A la familia Perdomo del Criadero Juanambu por su colaboración para las fotografías. Redacción y recopilación de información Saida Niyireth Rodríguez Garzón. Fotografías: Laura Casas.