Un caracol con mirada de espiral



Desde que se lee el primer poema, del libro En los ojos de un caracol, de Henry Benjumea Yepes se nota una musicalidad lírica, un ritmo matemático a veces invisible, a veces evidente, y unas imágenes muy bien logradas, que reflejan el sentir y saber del autor, su ideario y sus búsquedas nunca acabadas.


En Uno al aire, leemos:

Te he atado al borde del delito

no te muevas, no intentes un suspiro

quédate en el jardín de las delicias

mírame por encima del paraguas

hasta que el agua te cuente mis enigmas


Y en efecto, en cada uno de los poemas de este libro, Henry nos va develando, a través del agua y las sombras, sus arcanos, sus fantasmas, sus más insondables secretos, esos que como suerte de una espiral en permanente movimiento nos manda al pasado con sus melancolías en casa de la abuela, por ejemplo, o al futuro en una muerte aún más viva que la vida misma, en una suerte de presente que no existe.


Eres un jueves

sin tiempo

en la memoria


El poeta trata los temas más evocados desde los inicios del canto, pero con un tratamiento líquido que le da la fuerza de un estilo propio: soledad, amor, Dios, mujer, muerte, niña, hombre, desolación, tristeza, alegría. Cada verso, cada poema, está muy bien entrelazado con un eje transversal complejo que Henry hace comprensible; la cuántica es el pretexto matemático para inmiscuirnos en la existencia del ser, la

nada y sus moléculas.


Algunos de sus poemas, los cortos, los muy cortos, tienen ese efecto del microrrelato que, sin perder lo poético cuentan, en tan poco, mucho. La sugerencia de sus versos nos lleva a imaginar una historia oculta, acaso una tragedia, acaso un encuentro en diálogo con la historia, donde aparece Dios, hacedor del “efecto mariposa”, haciendo temblar al mundo a punta de la mar que se rebela.


También hay poemas cargados de ese existencialismo tan necesario a la hora del abismo, conjetura de la existencia y sofisma del axioma.


En Compañía 01, el poeta nos revela:


No me entran las matemáticas

imposible sumatoria

de los siglos

que he callado


Y claro, al poeta no le entran las matemáticas –ni la física, diría yo, la de las palabras- porque las tiene en las profundidades, de donde salen como una revelación de lo que imaginamos y somos.


Una leve sensación de no ser

y la inexpugnable certeza del vacío


Este verso contiene, como paradoja del caracol, uno de los misterios más grandes de las matemáticas, la nada, el vacío, la ausencia que todo lo abarca.


También hay poemas con una verticalidad ingeniosa y una suerte de sarcasmo que los conduce, como dilema, a la reflexión de que todo se mueve como en un enigma.


En los ojos de un caracol se debe leer con sus historias ocultas que saltan para inquietar la inteligencia de un lector con ganas de tener el placer de que le sacudan su universo:


Imagen

El espejo

solo nos refleja

una piel ajada

las arrugas

y el enorme deseo

de no ser

el que se asoma



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