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La Ruta de Agua, un sendero ecológico que todo villavicense y turista debe conocer


“Cuando se hace este tipo de actividades normalmente se va cargado de estrés y preocupaciones de la semana, pero cuando se adentra en la naturaleza de Villavicencio y se pierde todo contacto con la urbanidad, se disfruta de una nueva experiencia sensorial muy gratificante”, dijo Magnolia Cagüeñas. Directora de Turismo de Villavicencio, al recordar la primera vez que realizo la “Ruta del Agua”.

El Instituto de Turismo de Villavicencio ha venido caracterizando los lugares de la ciudad que poseen gran potencial e inigualables atractivos turísticos, por tanto, puede decir con seguridad que en el corazón rural y natural de Villavicencio se encuentra una ruta digna de recorrer.


Se trata de la “Ruta de Agua” una experiencia que inicia en la vereda La Argentina, un sector de la capital del Meta que es popular entre los habitantes de la ciudad, al contar propiedades paisajísticas ideales para practicar ciclismo de montaña y senderismo.

Luego de una caminata disfrutando del sonido de las aves y de la abundante flora que se puede apreciar en dicho lugar, se llega a la vereda Santa María Baja del corregimiento tres, donde los visitantes pueden tener contacto con la comunidad sus prácticas agrícolas y deleitar sus preparaciones gastronómicas, que rescatan los sabores del campo.

“Los alimentos que se consumen durante la ruta son cultivados por los mismos habitantes de los corregimientos, ya que se busca que el turismo comunitario sea generador de fuentes de empleo, utilizando recursos culturales, locales, históricos y naturales, contribuyendo así al desarrollo y fortalecimiento de las comunidades”, explicó Magnolia Cagüeñas.

La imponente fauna silvestre de la Orinoquía se hace presente durante todo el camino; constantemente se pueden observar a los monos tití, que alegremente saltan de un árbol a otro, osos hormigueros que pasean tranquilamente por el espacio y una infinidad de aves que fácilmente pueden ser avistadas mientras cantan, en una orquesta natural.


Poco a poco se pierde la vista de la ciudad para perderse en caminos que permiten olvidar por unas horas la agitada cotidianidad en la jungla de cemento. Entre pequeñas caídas de agua se llega a la vereda Puente Abadía, en el corregimiento 6.

Allí habitantes del sector se han venido preparando en la vocación del turismo de naturaleza, y ser los que se encargan de guiar a los caminantes en ese territorio que conocen como la palma de su mano.


En el camino se encuentra un punto de descanso, sitio ideal para degustar una refrescante bebida y consumir alimentos regionales, cultivados y procesados en la misma vereda.