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El río Guatiquía fue un atractivo turístico para Villavicencio


El río Guatiquía rodea a Villavicencio y es el testigo vivo de la historia de la ciudad. Sus aguas estuvieron presentes cuando el municipio fue fundado en 1840 y recibió el nombre de la Inmaculada Concepción de Gramalote, también cuando comenzó a crecer y construyeron las primeras edificaciones y cuando era considerado un lugar turístico, el vecino favorito de los villavicenses.


Para Camilo Humberto Caballero, historiador de Villavicencio, el río ya no tiene el mismo valor para los habitantes de la ciudad como tiempo atrás, cuando era visitado frecuentemente para pescar o simplemente para recrearse.

“Quienes crecimos en Villavicencio nos bañamos en el río Guatiquía. Cada tarde llegaban niños, jóvenes y adultos a nadar o a pescar, porque para ese entonces era mucho el pescado que se sacaba del río”.

Por su parte Néstor Restrepo Roldán, director ejecutivo del Comité Cívico, mencionó que para la década de 1930 las personas tenían que cruzar el imponente río en canoas ante la ausencia de puentes. Posteriormente, para cruzar se implementó una canasta que colgaba de un cable.

“El puente se convirtió en una necesidad, ya que el río crecía tanto que en época de invierno era un peligro. Se desbordaba e inundaba la margen derecha e izquierda del río, donde ya se encontraban algunas casas. Era tan fuerte que el agua llegaba hasta el aeropuerto Vanguardia”, explicó Nestor Restrepo.

Por esta razón en el año 1943, se inauguró el puente Eduardo Santos, sobre el río Guatiquía, que unía por primera vez a Villavicencio con todos los pueblos llaneros paralelos a la cordillera oriental.


Hablar de las memorias del Guatiquía es también recordar un lugar frecuentemente utilizado para observar el paisaje que ofrecía el imperioso río. Se trata de una especie de mirador que popularmente ha tenido varios nombres.


Edgar Parrado Rojas, artista plástico villavicense le dijo a We Love Villavo que primero le llamaban El Trocadero, porque por allí se podía bajar a un muelle, donde se ubicaban las canoas, luego fue nombrado El Balcón y posteriormente La Chorrera, ya que “al borde de la montaña, hacía el camino que va al Guatiquía se encuentran varias casas y le llaman de esta forma porque allí se encuentra una especie de río subterráneo que cae de la ladera".

Pero este lugar turístico tiene un oscuro pasado. Edgar Parrado hizo una obra en homenaje a las decenas de cadáveres que fueron lanzados al río en la época de la violencia, cuando los conflictos sociales y guerra civiles entre liberales y conservadores dejó huellas profundas y miles de víctimas en todo el territorio nacional.

“Mi papá Ramón Parrado me contó que para el año 50 y 60, en la cerca donde existe un precipicio de varios metros, votaban en volquetas a los muertos desde ese balcón para tirarlos al río Guatiquía. Por eso pinté esa obra, en homenaje a los desaparecidos”, explicó el artista de 70 años.

Camilo Caballero y Edgar Parrado coinciden cuando aseguran que antes el río era mucho más caudaloso y que actualmente no es ni la cuarta parte de lo que ellos conocieron cuando eran niños.

Gran parte del río está surtiendo la ciudad de Bogotá, por eso actualmente tenemos un chorrito nada más”, dijo Camilo Humberto.

De hecho, el río Guatiquía es el principal proveedor de aguas limpias al Embalse de Chuza, el cual surte de agua a toda la ciudad de Bogotá y sus alrededores, beneficiando al 80 % de su gran población.

Ya no se observan a las personas nadar en sus aguas, tampoco pescando, ya que la problemática social del sector originada por la inseguridad ha opacado al río. A esto se suma la contaminación que originaron desde 1940 los desarrollos subnormales que se radicaron al margen derecha del río, que al tener condiciones sanitarias deficientes, contaminaron el afluente con aguas residuales y basuras.


En 1995 la Contraloría General de la República Seccional Meta, realizó una auditoría ambiental y a través de un informe evidenció que varias fuentes hídricas que rodean la ciudad de Villavicencio, en especial el Guatiquía estaba contaminado por la materia orgánica producida por los habitantes de la capital del Meta.


Según el documento el alcantarillado presenta un déficit del 34 por ciento en su cobertura y por tanto esta población, que no cuenta con el servicio, conecta las redes de aguas residuales a las corrientes naturales.


Como medidas de mitigación, durante los años 2002 a 2006 la Gobernación del Meta, en articulación con otros entes territoriales realizaron jarillones y espolones, que no tuvieron mucho éxito porque fueron destruidos por la corriente y acción del Guatiquía.


Pese a las propuestas y algunas acciones de los entes gubernamentales para recuperar el atractivo turístico del río, el día de hoy continúa oculto entre el abandono, la contaminación y un pasado mejor que el actual.


Archivo Fotográfico de la Orinoquia- FAFO

Obra artística de Edgar Parrado.

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