"Evita los excesos, come sano".


¡Comida! ¿A quién no le gusta comer? Y si es algo frito lleno de salsas rosadas y blancas, mucho mejor. El ser humano ha transformado su dieta alimenticia en un montón de chatarra comestible con sabor a ‘BBQ’. Resulta delicioso ingerir las denominadas comidas rápidas, (o garnachas como las llaman en México), ya que estos productos le brindan una vulgar ambrosía a nuestro sentido del gusto, además de que son fáciles de ingerir y no cuestan mucho dinero, como otra clase de alimentos


Colombia es un país dedicado a la agricultura, la pesca y la ganadería, además cuenta con una gran producción de café anual, tal vez por eso las industrias y multinacionales, han hecho de las suyas con el país. Muchas personas sabemos, y los campesinos saben mucho más, sobre cómo estas empresas explotan masivamente el comercio y alteran el orden natural del crecimiento de las plantas, dañando la vida directa o indirectamente. Ya sea destruyendo parte de la naturaleza para instalar sus enormes fábricas agroindustriales o creando nuevas hamburguesas llenas de grasa que taparan las arterias de los consumidores.

Lo más gracioso de todo, es ver como la televisión, las redes sociales y las vallas publicitarias nos venden un producto aparentemente inofensivo pero que fácilmente podría ser uno de los mayores asesinos del mundo contemporáneo.

Pero bueno, no debemos inclinar toda la culpa a las pobres multinacionales, ellas solo se aprovechan de nuestra falta de conocimiento. Ya bastante se ha hablado que una mente culta e inteligente nunca será manipulada y si nos ponemos a pensar, la mayoría de las personas que pertenecen a la sociedad de consumo, las cuales somos todos, no contamos con un nivel alto de información, es por eso que las propagandas de estos productos nos manipulan tan fácilmente.

Nos hacen pensar que la felicidad está en gastar desaforadamente todo el salario que conseguimos con nuestras labores y más si se trata de comer, por qué como ya se dijo anteriormente ¿a quién no le gusta comer? Sin embargo, nunca nos hemos parado a pensar, en el daño colateral que nos está provocando las papas fritas que venden en el Burger King o las empanadas de pollo en la esquina de la doña.


Nuestra lengua sueña con devorar un pincho de carne y se deshace nuestra saliva pensando en un perro caliente con una enorme salchicha americana. Nos comemos este manjar suculentamente grasoso y nuestros labios quedan sonrientes y brillantes por todo el aceite. Pero nuestro corazón, ¿cómo queda? Y no solo él, órganos como el hígado, páncreas y hasta el mismo estomago se ven afectados. En unos años tendremos las arterias más tapadas que la cañería de un baño público.

Somos nuestros propios depredadores, nosotros mismos devoramos la vida con malos hábitos. Pero, ¿por qué lo hacemos? Cada vez que nos realizamos esta pregunta, nos auto-respondemos con excusas y evasivas: “soy estudiante, no tengo tiempo para cocinar” o “el dinero no me alcanza para comprar una mejor dieta”. Sin embargo, este tipo de problemáticas no son tan difíciles de resolver como parece. Hay gran variedad de comida saludable que se puede conseguir a un precio accesible. Por otro lado, el tiempo es recurso que se puede aprender a distribuir, y más si se trata de mejorar nuestra nutrición.

Envenenemos nuestros cuerpos con tocinos artificiales creados por el tráfico inamovible de las demandas de consumo y los jóvenes creemos que es un juego porque no sentimos las consecuencias de nuestros actos inmediatamente. Seamos conscientes con los cultivos alimenticios del futuro, hagamos de nuestra realidad una esperanza para las generaciones venideras. Si les enseñamos a no robar, enseñémosle también a no apoyar desmedidamente a estas multinacionales explotadores y de paso, a no ingerir tanta comida nociva para nuestra salud.

Las familias colombianas y todas las latinas, deben aferrarse a sus tradiciones y valores humanos, solo así se mejoraran las cosas en nuestro tercer mundo. El progreso se necesita, claro que sí, pero no de la forma en que se desarrollaron los países del primer mundo y Norteamérica, con ese capitalismo lunático y destruyendo todo su paso, el verdadero cambio está en la unión como pueblo y en preservar nuestros valores más sinceros, esto es lo que hace que los latinos conservemos un aire de pureza y un sueño utópico de libertad.


Gracias por su atención, espero que este escrito no le haya hecho dar hambre, y si fue así: “bon appetit”, que disfrute su cena.


Manolo Torres.

Soy comunicador social, aunque podría ser un desahuciado periodista. La vida me hizo escritor y yo hice de ella mi mayor géiser de inspiración. Actualmente, edito la página We Love Villavo y estoy próximo a publicar mi primera antología poética.


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