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Ingeniera en Villavicencio inventa un Bioplástico a base de cáscara de maracuyá


Luz Stella Henao Díaz, es ingeniera de alimentos e instructora, del Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA) del Centro Agroindustrial del Meta, sede el Hachón en Villavicencio y también es la mente maestra detrás del bioplástico que podría solucionar el problema de los desechos plásticos contaminantes.


La ingeniera oriunda del Valle del Cauca es residente de Villavicencio desde hace más de tres décadas, realizó una investigación por más de ocho años, que obtuvo como resultado la invención de un material bioplástico, biodegradable elaborado a base de cáscara de maracuyá.


Luz Stella Henao le dijo a We Love Villavo que la investigación nació, como una necesidad por aprovechar cada gramo de los alimentos.

“Inicié utilizando la cáscara como agente espesante de jugos y al darme cuenta que era incoloro, inoloro e insaboro, lo empecé a utilizar en mis cursos, enseñando a mis aprendices a preparar salsas, mermeladas y bocadillos empleando la pectina de la cáscara del maracuyá, como espesante, y ya cuando inicié la ingeniería esta experiencia que tuve como ama de casa me hizo ver la proyección” explicó.

En el 2016 el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA), con el Sistema de Investigación, Desarrollo Tecnológico e Innovación SENNOVA, realizó en promedio una inversión de $95 millones en sus tres fases, para que Luz Stella ejecutará la investigación, proceso que inició en el año 2016 y culminó con la concesión de la patente en febrero de 2021.

SENNOVA me brindó los recursos para ejecutar el proyecto en tres fases.


La primera se determinó qué aditivo necesitaba adicionarle a esa materia prima para darle la electricidad y resistencia que se espera de un plástico, la segunda fase era para ver qué reacciones y resistencia tenía el plástico y ya la tercera fase era sacar algunos productos y hacerle algunas pruebas de resistencia, elasticidad, dureza, impermeabilidad, entre otras.

Este biopolímero único en el mundo, aprovecha el 70% del peso total del maracuyá que normalmente es desechado, con un proceso de degradación que tarda entre 30 a 120 minutos si se sumerge en agua, siendo útil en el empaque y embalaje de un solo uso, lo que lo convierte en un producto competitivo en el mercado.

“Si se logra montar una planta procesadora de pulpa a la par con la de Bioplástico, entonces la cáscara la podríamos obtener gratis y podríamos ser muy competitivos en el mercado. Por ejemplo si tenemos 700 kilos de cáscara de maracuyá y se procesan en plástico podría resultar 500 kilos de bolsa que equivalen a 500 mil bolsas, según mis cálculos”, le explicó la ingeniera a We Love Villavo.

Material termoformado, bolsos, bolsas de diferentes tamaños, platos, cucharas y hasta vasos, son algunos de los productos que se pueden fabricar con este innovador bioplástico.

Para la ingeniera Luz Stella lograr que la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) concediera la patente de este invento al Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA), reconociendo sus derechos morales, es un sueño que exitosamente pudo desarrollar a sus 61 años de edad, demostrando que los adultos mayores tiene mucho que ofrecer a la sociedad.

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