“Primeros avances del Siglo XX” | Así se fundó Villavicencio, Capítulo 9


El aislamiento y fuertes condiciones climáticas del Meta dificultaron su entrada al Siglo XX, sin embargo, el esfuerzo de nacionales y extranjeros permitieron mejoras en la educación, la salud, la infraestructura y la economía de la región.


Los Montfortianos dirigían gran parte de las áreas sociales de la Intendencia del Meta y su compromiso con esta labor permitió que la vida de los llaneros mejorara significativamente.

Para la década de 1920, la comunidad había construido 34 escuelas, todas dedicadas a la educación básica y primaria. Sin embargo, eran muy pocos los niños y niñas que terminaban el plan de estudios de la educación primaria para luego irse a Bogotá a continuar su estudio de secundaria.

La deserción escolar por falta de condiciones económicas era alarmante, unas las necesidades más insatisfechas era la alimentación, por eso las Hermanas de la Sabiduría adoptaron la entrega de desayunos y almuerzos como incentivo a los padres para enviar a sus hijos a la escuela.

Por su parte, la Salud también tuvo algunos avances. Varios científicos y médicos habrían desarrollado estudios y emprendido campañas de salud pública, muchas de estas realizadas en un trabajo conjunto entre la comunidad religiosa y la Fundación Rockefeller; lo que permitió combatir enfermedades como el paludismo, la fiebre amarilla y la anemia tropical, una enfermedad que afectaba a la mayoría de los mayores de 1 año y se proliferaba gracias a las pésimas condiciones sanitarias y la ausencia de alcantarillado en la ciudad.

Gracias a los atrasos y grandes dificultades que representaba la región, la política de salud pública se enfocó en tratamientos con medicamentos y la promoción de medidas de prevención como el uso de calzado para evitar el contacto de los pies con las heces y demás porquerías que ocasionaban el contagio de algunas enfermedades.

Dichas afecciones alcanzaron a registrar una tasa de mortalidad de 63 personas por cada 100 mil habitantes, condición que no impidió que la población de Villavicencio y el Meta se incrementara; la primera pasó de tener 3.315 habitantes a principios de siglo para alcanzar los 4.774 habitantes en 1918, mientras que el segundo registró un incremento de 4.957 a 11.671 habitantes en el mismo periodo.


Este crecimiento demográfico se debe a los proyectos de colonización que para la década de 1920 permitieron la migración y construcción de nuevos caseríos que representaron la fundación y el desarrollo de varios de los pueblos de la Intendencia como El Calvario y Restrepo.

Curioso fue el caso de Acacias, cuyo incremento poblacional fue gracias a los beneficios que recibía la población carcelaria que luego de pagar la condena, se le adjudicaban 7 hectáreas de tierra para que las trabajara; esto permitió que un nuevo caserío se construyera a los alrededores de la Colonia Penal y Agrícola de Acacias.

En gran medida, el interés por la colonización y la promoción de las actividades agrícolas se debió a que la Intendencia del Meta comprendió su papel de suministrar los alimentos y algunas materias primas para el altiplano cundiboyacense, siendo el mercado bogotano el mayor receptor de los productos llaneros.

El éxito que tuvo la producción de maíz, plátano y yuca, así como la cría y el engorde de ganado fue sorprendente; gracias a la innovación que trajo el ganadero Plácido Castro, quien impulsando la siembra de nuevos pastos convirtió a Villavicencio y sus alrededores en un lugar predilecto para que los llaneros del Casanare y Arauca llevarán sus reses a engordar previo el ascenso a la Capital.

El Meta se había consolidado como una despensa para la naciente industria y las plazas de mercado capitalinas. El atractivo de la región condujo a discutir nuevamente la necesidad de una vía férrea que conectará el centro con el oriente y pese a que la propuesta se contempló en serio, la crisis que produjo la Gran Depresión de 1929 derrumbó toda posibilidad de financiación de tan magno proyecto.

Afortunadamente, el impulso valió para que en 1922 el Ministro de Obras Públicas diera el visto bueno para mejorar los 125 km de carretera Bogotá- Villavicencio, un proyecto que fue bastante accidentado, finalizado en 1936 y con un costo total de $1´886.929 de pesos.

Esta producción ha tenido como fuente bibliográfica los libros: “De pueblo de Frontera a Ciudad Capital” de Jane Rausch; “Los forjadores de Villavicencio cuentan su historia” compilación de textos realizada por CORCUMVI; “Villavicencio, dos siglos de historia comunera (1740-1940)” de Nancy Espinel Riveros y “El Centro Fundacional” de la misma historiadora y Ángel Núñez de Velasco.

#Editorial #Historia

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