“La Leyenda del Silbón”


Secundino, un llanero que había visto crecer sus riquezas abruptamente, se dejó llevar por la ira y la codicia que alimento su deseo de venganza hasta el punto de acabar con otras vidas humanas.


La noche en la llanura casanareña estaba más oscura que de costumbre, la luna llena había decidido esconderse tras las nubes y solo dejaba escapar algunos destellos de luz que iluminaban suavemente el paisaje. A lo lejos, se divisaban las sombras de 5 pequeñas embarcaciones… eran Enrique y los indígenas dispuestos a cumplir su parte del trato.

Los siguientes días fueron provechosos, las manos indígenas demostraron destreza para hacer mejoras a la casa, construir corrales y preparar todo para la siembra de maíz, yuca y plátano. Pero fueron dos indígenas, Rafael y Alberto; quienes aprendieron de Secundino a montar a caballo y desempeñar los trabajos de la ganadería, los que se destacaron por encima de sus congéneres.

Por supuesto esto llamó la atención de Secundino, quien aprovechó una pequeña disputa con Enrique por el pago final del trabajo, para proponerle que Rafael, Alberto y una indígena joven y atractiva que luego llamarían Isabel, se quedaran por una luna más en la Fundación del `Miedo´. El acuerdo se había cerrado y consigo los indígenas se marcharon, aunque en la siguiente ocasión, un nuevo acuerdo postergó la estadía de los tres por 5 lunas más.

Así funcionaba el `Miedo´ José y Rafael acompañaban al ganado; Secundino, Froilán y Alberto hacían las labores de siembra y Asunción, Esmeralda e Isabel se dedicaban a los trabajos domésticos. Así avanzaban los días en la fundación; hasta que una mañana un tigre hizo presa una vaca y tras el hecho, Secundino y Froilán salieron a su caza.

En compañía de Coronel y Fielamigo alcanzaron al tigre; de inmediato, Froilán apuntó con la escopeta y tras un disparo fallido es alcanzado por el felino. En su defensa entró Fielamigo recibiendo el zarpazo del tigre; enseguida Coronel hizo su parte, pero ante el miedo que la fiera generaba en el can, éste fue a esconderse tras Secundino, quién presenció recostado en un árbol todo lo acontecido.


El hombre empezó a silbar y a distraer con un trapo rojo al tigre; mientras tanto, preparaba su lanza, la cual atravesaría el pecho del tigre segundos más tarde… de regreso, lograron salvar la vida de Fielamigo.

El invierno se acercaba y los habitantes de la ranchería no querían padecer su rudeza. Se dispusieron a realizar una jornada de robo de ganado y partiendo de noche en búsqueda de los semovientes lograron capturar unas 300 reses que fueron vendidas rápidamente en el mercado.

Con las monedas de oro se hicieron de provisiones y algunas herramientas, espejos, cepillos, cintas y telas. Por supuesto, parte de las intenciones de Secundino con estas baratijas era proporcionarle varios obsequios a Isabel, quien empezó a ocupar un lugar especial en la ranchería, hasta que finalmente accedió a las pretensiones del hombre, quien ahora gozaba de la compañía de su nueva amante.

Asunción, molesta con la situación, no dudó en amonestar a su marido, quien sin dudarlo reaccionó agresivamente y tras propinarle una golpiza, la amarró a un árbol desnuda durante toda la noche, trayendo como consecuencia la perdida de su bebé.

La conducta molestó tanto a Froilán que sin pensarlo dos veces encaró a Secundino, sin embargo, éste no respondió y volvió a opacar su inmensa furia con un silbido largo y profundo… un sonido que, al producirlo, le generaba algo alivio en su pecho, alimentado por el odio hacia su socio.

El invierno golpeó el rancho con mayor fuerza que el año pasado, las lluvias empantanaron la llanura y los zancudos asediaban al ganado y los caballos; muchos de ellos fueron muriendo con el paso del tiempo. Secundino, ambicioso a toda costa, sabía que la única forma de recuperarse de este impacto, sería organizando una nueva jornada de robo de ganado, empresa que realizaría el próximo tiempo seco.

Con la llegada del verano, Asunción e Isabel estaban próximas a ser madres; Rafael y Alberto estaban amañados en `Miedo´. Por eso, al regreso de Enrique en compañía de un muchacho, los tres se negaron a volver con los Guahibos y ante la terca insistencia del viejo indígena, de llevarse por lo menos a Isabel, Secundino lo golpeó con un garrote y le dio muerte instantánea. Asustado, su acompañante salió corriendo, sin espera Secundino se hizo con la escopeta y lo derribó de un solo disparo para luego acercarse a su cuerpo y rematarlo con varias puñaladas. El salvajismo de Secundino no fue recriminado y por el contrario generó temor y reverencia hacía él.

Continuará…

Capítulo anterior:

El Silbón Capítulo 1

Esta producción ha tenido como fuente el libro “Cuentos, Mitos y Leyendas del Llano” del escritor y poeta Getulio Vargas Barón. Un libro producido con la colaboración de Corpes Orinoquía.

#ArteCultura #Editorial

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