Capítulo Especial | “El Gran Incendio de Villavicencio”


Villavicencio se había edificado como una ciudad con un futuro prospero y los inversionistas miraban con buenos ojos los llanos orientales, pero el 28 de enero de 1890 un incendio arrasó con casi toda la ciudad.


Villavicencio se edificaba como una ciudad próspera y pujante, las haciendas estaban llenas de ganado, plantaciones de pan coger y caucho, un producto que empezaba a ser demandado en grandes cantidades en los mercados internacionales. Sin embargo, la tragedia llegó al pueblo.

En una de las propiedades del hacendado Francisco Rojas donde se procesaba la caña de azúcar para destilar el aguardiente, uno de los alambiques provocó un voraz incendio el 28 de enero de 1890 propagándose fácilmente por todo el centro urbano de Villavicencio gracias a que las casas estaban construidas con techos de hoja de palma, columnas de madera y las paredes de una mixtura de tierra con hierbas. Solo unas pocas casas lograron salvarse y fueron aquellas que tenían sus techos construidos con zinc.

La tragedia fue de tal magnitud, que el Secretario de Gobierno de Cundinamarca, Jaime Córdoba, asignó un total de 2.000 pesos para la reconstrucción del pueblo, suma que se aumentó con la ley aprobada por el Congreso de la República que asignaba otros 8.000 pesos a la reconstrucción de la iglesia y la casa cural.

Algunos inconvenientes se presentaron en la reconstrucción de la ciudad como fue el caso de la polémica propuesta de Ricardo Rojas de trasladar el pueblo a su hacienda La Grama a la cual se opusieron los habitantes que no perdieron su vivienda; otro de los problemas se dio por el control del dinero, una disputa que enfrentó al padre Calasanz Vela con el concejo, altercado que solucionó el arzobispo de Bogotá, Bernardo Herrera, asumiendo personalmente el manejo de los dineros.

Pese al impacto negativo que dejó el incendio y los conflictos sociales posteriores, la pujanza de los villavicenses permitió que en pocos años reconstruyeran la ciudad, demostrando el carácter de un pueblo que no se deja vencer por la adversidad.

Tras su recuperación, Villavicencio reconstruyó las casas con nuevos materiales, dictó medidas para evitar tragedias similares, configuro un cuerpo de policía digno del municipio, se orientó la construcción del acueducto público, se firmó el contrato para establecer el fluido eléctrico y la organización del servicio de salud publica y por supuesto se reconstruyó la iglesia con la ayuda de los misioneros salesianos quienes implementaron mejores materiales.

Villavicencio había superado en menos de 5 años uno de sus más grandes desafíos y se preparaba para entrar en el nuevo siglo.

Esta producción ha tenido como fuente bibliográfica los libros “De pueblo de Frontera a Ciudad Capital” de Jane Rausch, “Villavicencio, dos siglos de historia comunera (1740-1940)” de Nancy Espinel Riveros y “El Centro Fundacional” de la misma historiadora y Ángel Núñez de Velasco.

#Historia #Editorial

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